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  • Fecha de publicación: 2011
  • Tamaño: 14.5 x 23.6 cm.
  • Paginas: 1176
  • ISBN: 978-84-254-2921-7

Hannah Arendt. Diario Filosófico 1950-1973

BiografíaEnsayoFilosofía

$U 4.900

Esta espléndida edición española de los Denktagebücher (literalmente “diarios de pensamiento”), que la editorial Herder presenta ahora en castellano en una esmerada traducción del profesor Raúl Gabás, sigue fielmente la alemana que la editorial Piper publicó en 2002. Nada más aparecer en Alemania –un estuche con dos tomos, el primero de los cuales contiene el texto de los “diarios” y el segundo, las notas, la traducción de citas y demás comentarios–, atrajo todas las miradas de la crítica especializada. Algo comprensible, pues la gran pensadora y politóloga que fue Hannah Arendt (1906-1975), quien nunca –por cierto– se caracterizó a sí misma como “filósofa”, es considerada en la actualidad una figura intelectual de primer orden, todo un clásico moderno del pensamiento filosófico-político, de ahí que cualquier testimonio suyo que sirva para complementar sus obras o para ahondar en el conocimiento de su vida deba ser celebrado con justa devoción.

Este “diario” constituye una sorpresa para cuantos se interesan por la autora; en cambio, conviene resaltar que poco dirá a quienes no hayan trabado algún conocimiento con sus libros. Es un documento de apoyo, único, pero de carácter secundario; ayudará a quien desee estudiar con minucia más que las obras de
Arendt la manera de obrar de la mente excepcional que las creó. En este sentido, la crítica especializada ha comparado este Diario filosófico –acaso con demasiado entusiasmo– a los fragmentos póstumos de
Nietzsche, las anotaciones privadas de Wittgenstein o los apuntes preparatorios para el Libro de los pasajes, de Walter Benjamin. Textos fragmentarios todos ellos, cúmulos de anotaciones dispersas a menudo contradictorias, ideas luminosas expuestas como aforismos o pensamientos en embrión que revelan mucho de los intereses intelectuales y los métodos de trabajo de sus autores pero que apenas dicen nada a quien no esté dispuesto a leer semejantes testimonios como lo que son, un montón de herramientas de trabajo descolocadas y dispersas “en el taller de un muerto”, según manifestó Enrique Lynch en una reseña reciente de este mismo libro. Poco más podemos añadir a tan acertada metáfora. Ahora somos los vivos, amigos del difunto o simples curiosos, quienes podemos revolver entre lo que ha quedado; si sabemos extraer alguna enseñanza o algún placer de ello, incluso algún dolor, dependerá del grado de confianza que tuviéramos con quien murió.

Desde 1950 hasta 1973, el período que abarca el Diario filosófico, Hannah Arendt llenó 28 cuadernos escolares (más otro denominado “Cuaderno de Kant”) con apuntes “filosóficos” de diversa extensión. En modo alguno pretendió confeccionar un “diario” propiamente dicho –a veces pasaban varios meses sin que anotara nada, y raramente consignaba la fecha cuando escribía–; tampoco sus anotaciones remitían a sucesos de la vida cotidiana ni contenían referencias a la actualidad, y ni siquiera revelaban estados de ánimo o sentimientos. Eran simples apuntes de trabajo garrapateados en sobrias libretas de alambre; a menudo, notas aforísticas tomadas a vuelapluma, y a menudo también, extensas anotaciones desarrolladas con minuciosa intensidad. Apuntes desgajados con ideas o aclaraciones de conceptos, esbozos de pensamientos que debían ser desarrollados más tarde, todo ello, en suma –como decíamos– constituye el “cajón de sastre” de la pensadora al que ni siquiera sabemos si recurría en busca de retales antes de ponerse a la tarea de escribir sus brillantes artículos o sus obras más extensas.